Su recorrido comenzó en la singular calle de las Setas, una vía peatonal llena de figuras gigantes con forma de setas, juegos infantiles y esculturas de colores. Aunque reconocen que es un lugar “raro”, lo consideran llamativo y diferente para iniciar una ruta por la ciudad.
Desde allí, caminaron hacia la Explanada de España, uno de los símbolos más conocidos de Alicante. La explanada, con su suelo ondulado inspirado en las olas del mar, las palmeras y la cercanía al puerto, fue uno de los puntos que más les gustó. Los creadores explicaron que este paseo, diseñado a mediados del siglo XX, es hoy una de las zonas más transitadas por vecinos y turistas. Durante su visita, coincidieron con un día festivo, lo que generó mucho movimiento en las calles.
En el puerto, destacaron los barcos, los mercadillos, el ambiente familiar y el agua limpia. Desde este punto, pudieron observar el monte Benacantil y el Castillo de Santa Bárbara, uno de los grandes iconos de Alicante. Un detalle que les llamó la atención fue la gran presencia de visitantes y residentes extranjeros, atribuida al clima, los más de 300 días de sol al año y la proximidad al Mediterráneo.
La ruta continuó por el casco antiguo y la Basílica de Santa María, construida entre los siglos XIV y XV sobre una antigua mezquita. Después, subieron hacia el Parque de la Ereta, donde, a pesar de perderse, descubrieron un mirador con vistas espectaculares al mar, al puerto y a gran parte de la ciudad. El día finalizó con una cena junto a la playa y una última parada en un mirador para contemplar el atardecer, destacando que gran parte del recorrido lo hicieron caminando y sin pagar entradas, más allá de la comida.




